Alberto Ammann: “El crecimiento y la comunión de las culturas se basa en compartir, respetar y aprender de las diferencias”

Alberto Ammann: “El crecimiento y la comunión de las culturas se basa en compartir, respetar y aprender de las diferencias”

No hace mucho que se sumergió en un nuevo proyecto, aunque esta vez no se trata de una película, sino de algo que le rondaba la cabeza desde hace unos años: abrir un bar con unos amigos. El Benteveo, así es como se llama el local (situado en el número 15 de la calle Santa Isabel), es acogedor, modesto… ese lugar donde te gusta reunirte con los amigos y sentirte como en casa. Rasgos que coinciden la personalidad de Alberto Ammann. Alguien cercano, con gran personalidad y, para sorpresa de muchos, un cómico en potencia.

Ángel Caballero: ¿Cómo surgió la idea de invertir en este bar?

Alberto Ammann: Bueno, en realidad, es una idea de hace muchos años. Cuando estaba en Córdoba (Argentina), trabajé mucho tiempo desde tarjetero de discotecas de matinée a camarero en pubs o poniendo luces, y siempre estuve muy relacionado con los bares donde se hacían espectáculos de teatro, porque teníamos un grupito donde hacíamos pequeñas performances en estos sitios. Como era algo que sabía hacer, la idea de abrir un bar siempre fue una alternativa en la que pensaba si no me iba bien como actor. Yo siempre decía: “Si no vivo de la interpretación, tendré sesenta años y habré generado una actividad económica con un bar en el que tendré un escenario para tocar con mi banda o actuar con mi grupo de teatro, y con el que pueda ganar dinero, básicamente, para comer y poder pagarme el alquiler”. Así que, cuando pillé un dinerito, me asocié con dos amigos cordobeses, Federico y Esteban; vimos cuánto teníamos entre los tres y comenzamos a buscar un sitio hasta que dimos con éste, que es un típico bar madrileño de los años 60/70.

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A.C: ¿Por qué elegisteis llamarlo El Benteveo?

A.A: El benteveo es un pájaro que abunda mucho en la ciudad de Córdoba, de donde somos nosotros, y que se conoce como “el bicho feo”, aunque, en realidad, es muy bonito. Tiene un silbido muy característico que, según cuentan los campechanos del campo, parece que esté diciendo “bicho feo”.

A.C: ¿En qué partes de este establecimiento podemos encontrar algo de ti?

A.A: Durante los años en los que trabajé en cafeterías, restaurantes y pubs, se me explotó mucho. Puede que por eso, siempre he considerado que el atender bien a la gente es un arte, que luego unos camareros desarrollan mejor que otros. Hay un arte en cómo tratar a un cliente, en cómo servir una mesa, en reconocer qué le puede gustar a una persona con solo mirarla o escucharla… Yo me lo pasaba muy bien con la gente. Mis socios también han tenido experiencia en este sector y siempre hemos llegado a la conclusión de que un lugar donde el personal está contento funciona bien y hace que el cliente esté cómodo, y para eso hay que pagarles bien. El empleado tiene que estar en las mejores condiciones que se pueda, pero, sobre todo, en las legales: con su sueldo, sus vacaciones, su seguridad social… Y esa fue nuestra política de arranque, y es algo que siento muy propio y con lo que estoy contento. También es un lugar donde se ha creado muy buena onda, porque pasan colegas y compañeros artistas que necesitan trabajar un  tiempo, juntar algo de dinero y luego vuelven a donde tienen que estar que es en las tablas, o al menos a intentarlo.

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A.C: Me gusta que me digas esto, y que pagáis bien,  porque ya sé a dónde voy a venir si se estanca mi carrera como actor…

A.A: Pues serás bienvenido… Es curioso, porque hace unos días comentábamos lo difícil que es hacer las cosas bien. Tú quieres tener a tu gente contenta, como te he dicho, pero entre autónomos, seguridad social y con todo lo que hay que tener en regla, terminas viendo la ganancia de un local que no te alcanza. Yo no logro pagarme el alquiler con lo que gano aquí, por ejemplo. Es cierto que es un beneficio industrial a repartir entre tres, pero es que no nos queda prácticamente nada. Es curioso, nos reímos y decimos: “Bueno, pero tenemos un bar… Vamos a comer al bar, a desayunar… y si luego queda algo para repartir, pues mejor”. Y no te hablo de ganar para hacernos ricos, sino para llegar a pagarnos el alquiler, porque este es un bar bastante modesto, no es muy grande, con precios asequibles…

A.C: Modesto, pero yo me he comido unas tostas que no cambio por el mejor restaurante del mundo…

A.A: Gracias… Todo esto tiene que ver, justamente, con cómo se ha encarecido tener al empleado en blanco y en buenas condiciones a nivel de impuestos. Cada vez tengo más claro que este sistema capitalista promueve el trabajo en negro. Que al final de cuenta son las grandes empresas las que se benefician: de los despidos baratos y de que, incluso, los propios empleados pidan que se les pague parte de su dinero en negro, porque si no no llegan a fin de mes. Y son los políticos los que hacen estas leyes, beneficiando a las grandes empresas a cambio de futuros trabajos o dinero. Demasiado asqueroso, pero real.  

A.C: ¿Sabías que otro punto en común? Nuestros padres son periodistas. Aunque, en tu caso, creo que nunca te has sentido atraído por el mundo del periodismo.

A.A: Bueno, mis padres fueron periodistas ambos, pero cuando yo nací ya no se dedicaban a ello. Si bien él trabajaba para una empresa de seguros, estaba metido en actividad política y escribía. Ellos tampoco han sido nunca personas que quisieran que siguiera el ejemplo o el trabajo familiar. Aparte, también han ido fluctuando, porque han ejercido como periodistas y como profesores de periodismo y de literatura.

 

 

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A.C: Lo que imagino que no se puede negar es que, gracias a ellos, eres una persona a la que le gustar estar informado de todo lo que le rodea y lo que sucede en el resto del mundo.

A.A: Sí, por supuesto. Ellos han tenido una influencia muy grande en mi manera de ver el mundo, en mis intereses, y uno de ellos es éste: el querer estar informado, cuestionando las cosas y reflexionando sobre ellas. Todo ello muy ligado a la política, que es algo que yo he vivido desde la infancia.

A.C: También, desde que eras un niño, has tenido la suerte de viajar y poder conocer distintos países. Algo que, en mi opinión, hace que crezcas con una mentalidad y una visión del mundo mucho más abierta.

A.A: Eso es otra de las cosas que les agradezco mucho a mis padres. Yo nací y a los dos meses nos vinimos a vivir a Las Palmas de Gran Canaria y luego a Madrid. Cuando tenía cuatro años volvimos a Argentina y luego, con ocho o nueve, viajamos mucho y pude conocer Italia. Estuvimos en Milán, Florencia, Roma… Después Chile, Brasil, en otras ocasiones regresé a España… Viajamos bastante y eso es algo que me ha impactado mucho, desde la manera en la que me han educado mis padres, tratando de fomentar siempre un respeto por la diversidad y las culturas. Ellos me enseñaron que el crecimiento y la comunión de las culturas está basado en compartir, respetar y aprender de las diferencias. Recuerdo que, cuando viajaba, estaba siempre con los ojos bien abiertos y, aún hoy, lo sigo haciendo.

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A.C: De todos esos lugares, ¿Cuál es ese rincón del mundo en el que sientes como en casa, cómodo y feliz?

A.A: España. Aparte, claro, de mi querida ciudad de Córdoba, en Argentina. Buenos Aires también es una ciudad muy querida para mí, porque prácticamente todos los años viajaba una o dos veces allí, porque tenía un amigo e iba mucho con mis padres a verlo. Bueno, y ahora que me vine a vivir a España hace diez años, mis padres se mudaron al año siguiente a Buenos Aires por cuestiones de trabajo. Ahora, cada vez que vuelvo a Argentina paso más tiempo en Buenos Aires que en Córdoba, donde me quedan mis viejos amigos y los paseos por las calles donde crecí.

A.C: Recientemente, uno de esos viajes te ha llevado a Méjico.

A.A: Sí, volví hace unos días y aún tengo un jetlag medio galopante (Risas). Fui a entregar un premio en la primera edición de los premios Fénix. Hace un año y medio Luis Tosar me presentó a Ricardo Giraldo, que es el organizador, y estaba buscando gente que se interesara en el proyecto como una manera de promocionar el cine iberoamericano, algo que a mí me pareció excelente. Lo que he visto de Méjico me ha parecido impactante. Estas grandes metrópolis latinoamericanas donde conviven la mayor opulencia y la mayor pobreza, con una gente maravillosa. Vas allí y estás un poco asustado con todo lo que ves en los periódicos y en las noticias, y sí es verdad que hay cuarenta y tres estudiantes que parece que fueron secuestrados y quemados vivos… porque allí los niveles extremos de violencia conviven con otros grandes de generosidad y de alegría de la gente.

 

 

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A.C: Te confieso que me gusta mucho hablar contigo, porque eres una persona con unos principios muy claros…

A.A: Sí, bueno… soy un poco testarudo también (Risas).

A.C: ¿Esto te genera un conflicto en el trabajo cuando, por ejemplo, hay un proyecto que sabes que tienes que hacer, pero no crees en él y sientes que no tiene nada que ver con la persona que eres?

A.A: Sí, choca… Me acuerdo de mis amigos con dieciséis o diecisiete años, que éramos medio heavys y nos juntábamos en una plaza de un parque a jugar al fútbol con una botella de plástico. Nos bebíamos una birra, tampoco mucho más porque no éramos de beber mucho y, además, no teníamos dinero, y había algo muy de antisistema y la política estaba a la orden del día… Yo no conozco otra cosa que no sea crisis, por lo que siempre estaba ahí la discusión política. Había algo en esas camisetas que llevábamos de los Sex Pistols, Sepultura o Pantera, por ejemplo, que significaba una cosa como de “tengo bronca y no soy careta” (que es como se llama a los pijos de allí). Esta cosa de la gente a la que le va bien en el sistema, que crea algo de resentimiento a los que no les va igual. Y en el momento en el que a mí no me iba bien, pues también tuve esa etapa, sobre todo, en la adolescencia. Por suerte, a diferencia de muchos colegas míos, sí tenía mucho amor en casa. Mis padres nunca me han levantado la mano, siempre me han apoyado en mis elecciones y hemos podido charlar mucho y hablarlo todo. Te cuento todo esto porque luego, cuando te encuentras que vas a hacer un comercial para Chanel, una de las firmas de moda más importantes del mundo occidental, es inevitable pensar en qué dirían los colegas del barrio. Y me río, porque ahora, con una madurez diferente, veo las cosas de otra manera y creo que, en realidad, no es venderme… Si yo uso ese dinero que cobre, o el prestigio que pueda lograr, para luego seguir siendo consecuente con mi vida, está todo bien. De hecho, con el dinero que saqué de ahí pagué la tercera parte de la sociedad con la que pagué este bar, en el que hemos podido tener a amigos trabajando.

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A.C: ¡Espera! ¿Me estás diciendo que estas paredes han sido pagadas con Chanel y que le debemos poder estar aquí hoy charlando?

A.A: Pues sí. Pero solo una parte, porque tampoco me hice rico, ¿Eh? (Risas) Con el tiempo, cada vez he tenido más claro que si uno quiere colaborar para cambiar el sistema o algo, es difícil hacerlo desde fuera. Y, aunque algunas veces pensé: “Te estás conformando, Alberto. Sólo te estás justificando…”, estoy tranquilo con esa visión, porque creo que es real.

A.C: Tengo curiosidad por saber cómo llegó Chanel a tu vida…

A.A: La verdad es que fue todo un poco marciano, por decirlo de alguna manera. Yo estaba en Argentina armando un evento con Celda 211 para reunir fondos para una escuela rural, que habíamos ido a visitar y que se encontraba en unas condiciones nefastas. En mitad de todo esto, recibo un mail de mi representante, Katrina Bayonas, diciéndome: “A Joe Wright le gustaría conocerte para, probablemente, hacer el próximo comercial de Madamoise, de Coco Chanel, junto a Kiera Knightley”. Claro, es esta cosa de que te quedas leyendo el mail y dices: “A ver, pero si Katrina no es de gastar bromas con estos temas…” (Risas) Así que la llamé, y a Pedro Garay, y ya me contaron que tenía que viajar a Londres para la entrevista. Fui para allá, todo fue maravilloso y me explicaron que Joe tenía que elegir a un hombre para hacer este personaje. No quería un modelo, buscaba a un actor latino y se ve que, justo, su directora de casting estaba en España viendo los Goya por televisión cuando todo lo del éxito de Celda 211. Le llamó la atención, preguntó por la película, la vio, se la envió a Joe Wright y le dijo: “¿Y este chico, qué tal?”. Parece que le gustó la propuesta y me llamaron. Hay algo en todo esto como de la bendita coincidencia…

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A.C: Y, de repente, te ves rodando en París, a las órdenes de Joe Wright y con Kiera Knightley como compañera de reparto… ¿Te paraste a pensar: “Dios, ¡Dónde estoy!”, o, simplemente, lo disfrutaste como cualquier otro rodaje?

A.A: La verdad es que a mí me dura poco ese “donde estoy y con quién estoy”. Yo nunca he tenido ídolos de estos así que se te vaya la cabeza, o al menos conscientemente. Siempre he visto a las personas como seres humanos, a pesar de que me volviera loco la música de tal o cual artista. Así que intento estar más pendiente de tratar de ser lo más profesional posible, de hacerlo bien, de estar a la altura… y, por supuesto, sin menospreciar la oportunidad que me han ofrecido. Recuerdo que el balcón donde yo me asomo al final, es de una casa donde vivió Mozart cuando estuvo en París. Entonces, subir esas escaleras, entrar en esas salas enormes y pensar que Mozart estuvo caminando por ahí es algo que me flipaba, porque, cuando tenía ocho años, jugaba a dirigir la orquesta sinfónica escuchando a Mozart o a Beethoven.

A.C: Y, claro, para qué te vas a hacer un selfie ahí si tienes a Joe Wright para que te haga el video…

A.A: ¡Qué cabrón! (Risas) La verdad es que no hice nada de eso… Soy un tarado, ¡Debería haberlo hecho! Hoy en día, lo haría… No sé por qué no lo hice. (Risas)

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A.C: A mí me apetecía mucho mostrar en este reportaje esta faceta tuya más distendida, porque creo que eres alguien divertido y que el público está más acostumbrado a verte en los papeles dramáticos que te ofrecen.

A.A: Me gustaría mucho hacer comedia, la verdad. Lo que pasa es que reconozco que me da un poco de miedo, porque es un ámbito y una manera de expresión en la cual no tengo mucha práctica. Pero yo me veo haciendo comedia, porque, a veces, soy muy payaso también.

A.C: Pues yo te agradezco mucho que hayas elegido AlgoPasaCom… para ir calentando motores en este género en el que espero verte muy pronto, así como también te confieso que me encantaría verte sobre las tablas.

A.A: Me apetece hacer una función. He tenido dos ofrecimientos para teatro, pero son estas cosas que te tiene que enamorar mucho el proyecto y el personaje. Y tal vez es algo muy pretencioso por mi parte, pero es lo que me pasa, porque con la falta de experiencia que tengo en ese medio, no me veo yendo todos los días al teatro si no estoy enamorado de la obra. Ahora, si no tengo para comer, hago el teatro que haga falta. Pero como he tenido cierta suerte y he podido mantenerme haciendo cine y alguna cosita en tele, pues he aprovechado esa posibilidad de no hacer algo que no me terminara de enganchar. Pero te digo que me apetece mucho.

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A.C: Por último, cuéntame que proyectos tienes a la vista.

A.A: Tenemos pendiente el estreno de Oliver´s deal, de Barney Elliot, que será para el año que viene. La rodamos entre Nueva York y Perú y está protagonizada por Stephen Dorff y con unos actores peruanos maravillosos. Es una película que a mí me gusta mucho. Mi personaje es secundario, junto al de Carlos Bardem, que también está en la cinta, e interpreto a la mano derecha de Dorff. Trabajamos para un fondo de inversión que compra deuda de la reforma agraria peruana. Fue una experiencia muy bonita. Por lo demás, haciendo pruebas y valorando algunas opciones.

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A.C: Gracias por tu trato, por tu cariño y por hacerlo todo tan fácil, Alberto. Ha sido un placer trabajar contigo y espero volver a coincidir pronto. También te digo que volveré a probar el resto de la carta, aunque no sé si Federico y Esteban me dejaran entrar otra vez después del desorden que les hemos hecho en el almacén.

A.A: Seguro que sí. Ven cuando quieras.

A.C: Así lo haré. Nos vemos pronto, Alberto.

 

TEXTO: ÁNGEL CABALLERO

FOTOGRAFÍA: MOISÉS FDEZ ACOSTA

VESTUARIO Y ZAPATILLAS: NIKE

 

AGRADECIMIENTOS: SONIA MARTÍNEZ, JAIME PALACIOS, EL BENTEVEO

 

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