Alejandro Amenábar: “Haciendo películas aprendo cosas y entierro algunos miedos”.

Alejandro Amenábar: “Haciendo películas aprendo cosas y entierro algunos miedos”.

Hace años, cuando descubrí El cine según Hitchcock, de Truffaut, no paraba de imaginarme lo que seguramente significaron para el genio francés aquellas charlas con el maestro del suspense. Hoy, después de mi encuentro con Alejandro Amenábar, en el plano más emocional, creo que puedo llegar a hacerme una idea. Los que me conocen bien saben las horas que puedo llegar a pasarme hablando de cine, por lo que creo que no exagero si digo que ésta es una de las entrevistas que más he gozado.

Como decía la hermana de Hugh Grant en Notting Hill: “Ésta es una de esas ocasiones en la vida en las que hay que estar a la altura.”  Y, seguidamente, añadía: “Y yo voy a fracasar al cien por cien”… No sé a cuál de estas dos cosas me habré acercado más, sólo sé que lo he vivido con la misma intensidad con la que llego a la sala de cine, se apagan las luces y empieza la película.

 

Ángel Caballero: No hace ni un mes que se estrenó tu última película, Regresión, y ya podemos decir que es una de las películas más vistas de este año. Alejandro, ¿El éxito puede llegar a cansar?

Alejandro Amenábar: No creo. Uno siempre intenta tener éxito y que las cosas que haces funcionen lo mejor posible. Lo que sí creo que es sano es poder llegar a saciarte. Si eres una persona insaciable de éxito, puedes acabar volviéndote loco.

A.C: ¿Tú has llegado a saciarte?

A.A: Yo estoy muy contento con las cosas que he hecho, con la respuesta que han tenido y con el cariño que he tenido por parte del público. Es algo de lo que soy muy consciente.

 

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A.C: Los críticos no suelen ser tan fieles como el público. ¿Hasta qué punto te llega a importar su opinión?

A.A: Leo las críticas, aunque no todas. La verdad es que no es algo que me obsesione; ni las buenas, ni las malas. Creo que te pueden servir un poco para establecer un termómetro. También es verdad que hoy en día todo el mundo se convierte en crítico, y con esto me refiero a las personas que, a través de Twitter, Facebook u otras redes sociales, expresan su opinión. Yo la opinión que más considero es la del público.

A.C: Tus películas suelen ser de género; algo que, por lo general, supone limitarse, dirigirse a un público muy concreto… menos en tu caso. Eres capaz de llevar a las salas a gente a la que, a priori, no le gustan “esas películas”, para ver un thriller, “una de terror” o “una de ciencia ficción”.

A.A: Esto suele depender mucho del proyecto y de cómo de especial sea. Yo muchas veces intento acercarme a un género concreto o a cosas ya establecidas, por lo que no pretendo inventar nada nuevo, pero en ocasiones la historia que estás contando te lleva por algún otro sitio y acabas dándole algo que tenga un punto especial. Supongo que esto es lo que aprecia la gente. No hacer una película de género, sin más, sino con algo que quizás a veces aparta las películas del género y las convierte en otra cosa un poco más especial.

 

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A.C: Cuántas veces, durante la promoción de Regresión, te habrán preguntado por los famosos seis años que llevas sin dirigir una película…

A.A: Ni te lo imaginas… (Risas)

A.C: ¿Qué necesitabas para volver a ponerte detrás de la cámara?

A.A: Pues una vez que tenía claro el género y lo que Hitchcock llamaba “el macguffin” (la excusa argumental), que en este caso era el demonio, necesitaba encontrar un enfoque que lo hiciera especial, y eso es lo que más tiempo me ha llevado. De hecho, descarté el tema del demonio durante un tiempo y me fui por otro sitio, y al final volví al punto de partida a partir de ese fenómeno tan concreto que es el abuso del ritual satánico y todo el tema de las regresiones. Es lo que me permitió hacer una película que tuviera algo más que contar, que es lo que yo llamo  “el mensaje”.

A.C: No sé si te acordarás, pero en cierta ocasión, hace algunos años, me comentaste que estabas intentando escribir una comedia.

A.A: Sí, me acuerdo de aquella vez… Lo que no recordaba es habértelo contado. (Risas) Después de Tesis, pensé en escribir una comedia sobre todas mis experiencias, porque yo fui jardinero durante algunos años, pero de ahí salió Abre los ojos, así que imagínate… (Risas) Hace poco, gracias al anuncio de Estrella Damm de la campaña de Vale, he podido ir por otros derroteros que tienen poco que ver con mi cine. Igual que los Coen o Woody Allen tienden a la comedia, yo creo que, por naturaleza, tiendo más al thriller. Pero no descarto hacer comedia, sobre todo porque creo que debe de ser muy gratificante para un director el poder provocar una carcajada en el patio de butacas.

 

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A.C: Me han soplado que siempre te gustó mucho la trilogía de Antes del amanecer, de Richard Linklater, cuyo protagonista es Ethan Hawke. ¿Este hecho ha tenido algo que ver a la hora de que pensaras en él como protagonista de Regresión?

A.A: Sí, porque es un actor que siempre me ha gustado mucho, al que había seguido, justamente a través de esas películas, y hacía tiempo que quería trabajar con él. Es alguien que tiene mucha vitalidad y mucho carisma, aunque precisamente le propusimos un personaje a la contra de lo que ha interpretado otras veces. Además, no sé por qué ,pero el saber que era un actor que había pisado Europa me hacía pensar que podía conectar mejor con algo que había escrito alguien desde aquí.

A.C: ¿Consiguió superar tus expectativas o te quedas con el Jesse de Antes del amanecer?

A.A: Las superó todas. Es un tipo formidable… Yo siempre digo que es como un niño grande. Es alguien que desde la primera hora del día intenta hacerte la vida más fácil, y yo eso lo agradezco muchísimo. Y no sólo yo, también la gente del equipo. Porque un rodaje, de por sí, ya implica muchos problemas, confrontaciones… y él es alguien que siempre está a favor de obra.

A.C: En el caso de Emma Watson, tengo entendido que fue al revés y que fueron sus representantes los que se pusieron en contacto con vosotros, porque ella había visto Mar adentro y quería trabajar contigo.

A.A: Lo que ocurrió fue que una de sus representantes sabía que estábamos escribiendo un guión en el que había un personaje joven que podía encajar con ella y nos pidió que se lo enviáramos. Lo hicimos y tuvimos la suerte de que inmediatamente respondieron diciendo que sí.

 

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A.C: Alguna vez he escuchado que Penélope Cruz fue una de las actrices a la que se le propuso hacer Tesis, pero que finalmente no pudo hacerlo. ¿Es cierto?

A.A: Sí.

A.C: Al final todo llega y ese trío que podrían haber formado Eduardo Noriega, Fele Martínez y Penélope Cruz en Tesis fue el reparto de tu siguiente película, Abre los ojos.

A.A: Sí. Yo la verdad es que nunca suelo escribir los personajes de mis guiones pensando en un actor concreto, pero en este caso, Mateo Gil y yo teníamos claro que ese personaje era para Eduardo y lo mismo ocurrió con el que interpreta Fele. Penélope accedió, aunque era un papel más pequeño, y estuvo muy bien. Además, en el caso de Eduardo y Fele ya éramos amigos, y eso siempre hace que trabajes más a gusto y con más confianza.

A.C: En tu primera película eras tú el que buscabas a la actriz y en esta última es una intérprete mundialmente conocida la que, en cierto modo, te busca a ti. Supongo que eres consciente de que es algo que no les sucede a muchos directores.

A.C: Yo me he sentido muy afortunado desde el principio. Desde el momento en el que José Luis Cuerda me llamó por teléfono a casa de mi madre, sin conocerme de nada, cuando yo era un estudiante de la facultad, y le dijo que me quería invitar a un rodaje suyo. Imagínate lo que supuso para un estudiante de Imagen que un director de cine al que conoces, y del que has visto sus películas, te llame para que vayas a uno de sus rodajes. Para mí eso ya fue un antes y un después. Es algo que yo recuerdo como un momento decisivo en mi carrera. De todo lo que vino después te podría decir que hay un poco de todo, pero lo que siempre he intentado es no dejarme cegar. Agradezco mucho cuando algún actor o actriz muestra interés por algo que yo hago, pero intento no dejarme cegar por eso. También es algo que forma parte de su cultura… Cuando ellos ven algo que les interesa y en lo que pueden encajar, cogen el teléfono y llaman.

A.C: Y un día el que llamó fue Tom Cruise… ¿Cómo se le dice que no a Tom Cruise cuando te propone hacer la versión americana de Abre los ojos?

A.A: Bueno, yo siempre he pensado que eso lo propuso más como una especie de deferencia. Creo que fue una pregunta un poco retórica… Fue como un acto de cortesía muy bonito el preguntarme si querría dirigir la película, pero él tenía mucha relación con Cameron Crowe y me da la impresión de que siempre tuvo claro que fuera Crowe el que la dirigiera.

 

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A.C: Tengo entendido que Mateo Gil y tú concebisteis Abre los ojos como algo mucho más oscuro de lo que al final fue; Vanilla Sky podría haber dado ese giro, pero optó por todo lo contrario. Es, en cierto sentido, más “blanca”. ¿Estás de acuerdo con esto?

A.A: Es que Abre los ojos es una película con la que siempre me he sentido muy inseguro, mientras la hacía y después. Creo si hubiera tenido la oportunidad de volver a hacerla, habría cambiado cosas… También te digo que hay algo muy admirable en la versión de Crowe, y es que… es una película de Cameron Crowe. Otra cosa ya es si el tono que le da es el adecuado para esa historia… Pero me siento en un terreno muy resbaladizo hablando tanto de mi película como del remake.

A.C: Yo siempre me he quedado con muchas ganas de saber qué pasa cuando el personaje de Eduardo Noriega despierta después de ese salto final. Ahora están llegando secuelas que parecían impensables de películas como, por ejemplo, Blade Runner. ¿Te animarías a hacer una segunda parte de Abre los ojos?

A.A: Yo es que no soy un animal televisivo y sigo muy mal lo de las segundas y terceras temporadas de las series. Mis historias nunca las concibo con segundas partes, porque muchas veces parto del final y ahí es donde, para mí, termina la historia. No sé si se me podría ocurrir una continuación para ninguna de mis películas.

A.C: En una de las secuencias más recordadas de Abre los ojos, Nawja Nimri le pregunta a Eduardo Noriega: “¿Qué es para ti la felicidad?” ¿Qué me responderías tú si yo te preguntase eso mismo?

A.A: Cualquier cosa que esté relacionada con el cine. El cine era algo que formaba parte de mi ocio, me ha dado diversión y me ha alimentado mucho. Así como verlo y hacerlo me ha ayudado en mi vida. No es sólo con lo que me gano la vida, sino que haciendo películas aprendo cosas y entierro algunos miedos. Podría decirte que un setenta por ciento de mi vida depende del cine. Así que para mí la felicidad es una tarde de domingo  viendo una película.

A.C: Este medio es una parte fundamental de tu vida, pero, sin embargo, no fuiste al cine hasta los quince años…

A.A: En realidad yo no veía mucho cine en mi casa, pero sí en casa de mis vecinos. Ellos eran norteamericanos, tenían video cuando muy poco gente en España lo tenía y ahí me empecé a volver loco viendo películas. Además, las veíamos en inglés, pero ellos tenían la paciencia de ir traduciendo, casi, simultáneamente todos los diálogos a mi hermano y a mí. Ahí me ví todas las películas que ni de lejos se me habría permitido ver en casa, y, en cuanto pude y tuve un poco de independencia, me largaba con mi hermano al cine Covadonga, donde hacían una sesión doble de terror. Pero ya llevaba desde los once o doce años viendo películas…

A.C: Y unos años después, como has dicho antes, empezaste a trabajar como jardinero para poder comprarte tu primera cámara.

A.A: Claro, porque cuando eres estudiante, como en aquel momento yo lo era, de Imagen, ése es tu sueño. Recuerdo que un día del primer año, el profesor preguntó en clase: ¿Cuántos de vosotros queréis ser directores o directoras de cine? Y prácticamente todos los que estábamos allí levantamos la mano. Entonces él nos dijo que tendríamos que ver cómo repartíamos el trabajo, porque todos no podíamos ser directores. Pero eso te demuestra que, de entrada, el sueño ya era ser director, que significa ni más ni menos que dirigir todo el cotarro. Yo tuve ese sueño y tuve la suerte de poder hacerlo realidad muy pronto.

A.C: Y ahora tu nombre es, junto a otros como Polanski, Bergman o Kubrick, uno de los que se estudia en la facultad…

A.A: Hombre, de lo que sí te das cuenta es de que, aunque sólo llevo seis películas, son ya veinte años los que llevo en esto. Recuerdo que en mi primer rodaje era como el benjamín del equipo, y ahora ya ves cómo, por ejemplo, le sacas unos años al “dire” de foto y ya no eres el más joven.

A.C: Veinte años no es nada, que diría el tango…

A.A: No es nada en el número de películas. Yo pensaba que iba a ser mucho más prolífico… y te confieso que me asusta un poco ver que me voy a plantar en la tercera edad y, a lo mejor, no he hecho ni media docena de películas. Hace veinte años era un pipiolo que no había terminado la carrera y ahora, que sigo sin haber terminado la carrera, vivo en un país en el que dos personas del mismo sexo se pueden casar, y en ese sentido sí es mucho.

 

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A.C: ¿Te gusta que te hablen de tus películas anteriores o prefieres centrarte en el presente y el futuro?

A.A: Yo vivo mucho el presente y prefiero pensar en el futuro, porque no me gusta mirar atrás. Es verdad que cuando se te acerca alguien  y te dice que tu mejor película fue la primera, es muy deprimente. Aunque yo también he pecado de eso, porque coincidí con Ridley Scott, que me pareció un tipo fenomenal,  estuvimos hablando un buen rato, y al final tuve que soltar la meadita y decirle que Alien era una de mis películas favoritas. Algo que estoy seguro que le tocó los cojones profundamente…

A.C: Hace poco leía una entrevista en la que hablabas de lo mucho que disfrutabas viendo comedias como Zoolander o Dos tontos muy tontos. Yo tengo que decirte que no me imagino a Alejandro Amenábar en el sofá, en pijama, viendo Zoolander…

A.A: Pues te sorprenderías. (Risas) Y otras como Aquí huele a muerto… Es más, yo no suelo pararme cuando hago zapping, menos con las pelis de Kubrick; pero si me encuentro con Aquí huele a muerto, me engancho y me la veo hasta el final. Con Zoolander, por ejemplo, también me pasa… A mí el humor asociado a lo burdo, a lo zafio y a lo grotesco es lo que más gracia me hace.

A.C: ¿Sabrías hacerme la mirada Acero Azul?

A.A: (Hace un pequeño gesto imitando la mirada de Ben Stiller y acaba en carcajada)

 

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A.C: Algo me dice que vas a tener que poner alguna que otra balda más a tu vitrina de premios para poder poner los que te van a llegar por Regresión.

A.A: Fíjate, yo no creo que Regresión sea una película de premios. Es un thriller asociado al terror, y eso siempre lo desvincula más de los premios. Es maravilloso cuando te dan premios, pero realmente no es algo en lo que ahora tenga la mirada puesta.

A.C: Ágora, por ejemplo, sí era una película mucho más de premios e incluso obtuvo muchas nominaciones a los Goya, aunque, finalmente, no se llevó todos lo que se merecía. ¿Crees que esto tuvo algo que ver con esta cosa que tenemos los españoles de menospreciar el trabajo de aquellos a los que les ha ido bien y se han ido fuera?

A.A: No. Es cierto que el rollo “cainita” desgraciadamente forma parte de nuestro país, pero es algo que yo no he sentido hacia mí. Siempre me he sentido muy querido y respetado. Evidentemente, luego puedes pensar que esta crítica es más injusta que aquella, pero, en general, no tengo queja.

A.C: Billy Wilder decía que él recordaba sus películas por las cosas importantes que le sucedieron en el momento en el que las hizo. ¿Tú recordarás Regresión por el año en el que te casaste?

A.A: Sí, claro que me acordaré de que el año de Regresión fue el año en que me casé. Lo que también te puedo decir que me pasa cuando estoy en un rodaje es que no me acuerdo de nada más. Obviamente, cuando uno rueda una película tiene que dormir, tiene que comer… pero yo, después, no recuerdo nada de mis películas. El otro día le tuve que preguntar a David, mi marido, que si yo cenaba por las noches…

A.C: ¿Es más difícil ser Alejandro Amenábar o ser la pareja, el familiar o el amigo de alguien tan conocido?

A.A: En el caso de mi pareja, por ejemplo, aparte de que él es muy discreto, no creo que esté experimentando eso. Tampoco es lo mismo cuando estás en algún festival o en promoción a como es el día a día, paseando por la calle. Afortunadamente, Madrid es una ciudad por la que me puedo mover con mucha naturalidad y hacemos una vida normal.

A.C: ¿Es más fácil moverse por la ciudad entre los periodistas o entre los aspirantes a actores que salen de los lugares más insólitos para entregarte su videobook?

A.A: Esto es algo que me ha pasado unas cuantas veces, pero, en general, la gente es bastante respetuosa conmigo. Cuando alguien se me acerca, lo que hago es remitirlo todo a la productora con la que trabajo, porque evidentemente no me puedo ver todo lo que me entregan, y lo canalizamos desde ahí.

A.C: En todas tus películas, hasta las dos últimas, la banda sonora estaba compuesta por ti. ¿Por qué dejaste de hacerlo?

A.A: En Ágora no me atreví a hacerlo, porque todo aquello me parecía muy grande y a mí hacer la música es algo que me cuesta y lo paso mal. Aunque, después, cuando grabas la música con la orquesta, es muy gratificante e, incluso, te diría que de todas las partes del proceso de la película es con ese con el que más disfruto. Además, quería ver como lo planteaba otra persona, que también era alguien a quien yo respetaba, como Darío Marianelli. En el caso de Regresión, como ya había hecho thriller, me podría haber lanzado, pero conocía a Roque Baños desde hace tiempo y siempre estábamos diciendo de hacer algo juntos. Ha sido muy divertido: él me ha dejado ser testigo de todo su proceso creativo y creo que lo ha hecho muy bien.

 

LUZ

 

A.C: Antes de acabar me gustaría proponerte que fueras mi cómplice en una cosa: la semana que viene estará Eduardo Noriega en AlgoPasaCom… y me gustaría que me dejaras una pregunta para él, con la que arrancaré la entrevista. ¿Qué me dices?

A.A: Cuenta con ello. Pregúntale que…

A.C: ¡Ssshhh! Hay que mantener la tensión dramática.  Prorroguemos el misterio hasta la semana que viene… Alejandro, gracias por la charla, por los buenos ratos que me has hecho pasar con tu cine y por los muchos más que estoy seguro que vendrán…

 

TEXTO: ÁNGEL CABALLERO

FOTOS: MANOLO PAVÓN

PRODUCCCIÓN: JAIME PALACIOS

VESTUARIO ÁNGEL CABALLERO: camisa GARCÍA MADRID, Pantalón Zara, botas PAREDES, reloj DANIEL WELLINGTON.

AGRADECIMIENTOS: ROSA GARCÍA, HOTEL DE LAS LETRAS.

 

 Y el próximo JUEVES 22 de OCTUBRE, AlgoPasaCom… EDUARDO NORIEGA.

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