Ignacio Montes: «Nunca me conformo con lo que ya tengo, siempre quiero más»

Ignacio Montes: «Nunca me conformo con lo que ya tengo, siempre quiero más»

Una tarde de verano me propuse un reto: aprender a hacer skate. Y qué mejor que hacerlo de la mano de otro malagueño, otro actor y otro apasionado del cine como yo. “El skate es un deporte muy social” me dijo Ignacio Montes, que había pasado su juventud saltando sobre sus ruedas. Y razón no le faltaba… Después de algunas lecciones, creo que es más fácil que la perra Laika vuelva a la tierra a que yo llegue a desplazarme sobre esa tabla. Pero, entre consejo y consejo, fui conociendo un poco más al actor y a la persona que se esconde detrás de Carlos, uno de los protagonistas de la exitosa Vive Cantando. Hablar con Ignacio es como hablar con ese amigo de toda vida, que no ves a diario, pero que cuando os sentáis a charlar es como si no hubiera pasado el tiempo. Y si no me creen, aquí dejo una prueba de ello.

 

 

Ángel Caballero: ¿Así que fue en Málaga donde comenzaste a practicar con el skate?

Ignacio Montes: Sí, empecé con catorce años y estuve dándole duro hasta los diecisiete, más o menos. Me pasaba todos los fines de semana en la Plaza de la Marina con el skate y, de hecho, a mi mejor amigo, Antonio, lo conocí ahí patinando, porque es un deporte tiene algo muy social. He sido muy skater, me he lesionado mucho, he tenido bastantes moretones…

A.C: ¿En aquella época ya querías ser actor?

I.M: Sí.

A.C: No es fácil, a una edad tan temprana, encontrar a chicos con las mismas inquietudes que pueda tener un futuro actor. ¿Con quién hablabas entonces de estos temas?

I.M: Por suerte, a mis padres y a mis tíos siempre les ha gustado mucho el cine y, ya desde que era muy pequeño, me inculcaron el gusto por ver películas, el ritual de ir al cine o sentarnos todos juntos en casa callados disfrutando de una buena película. Yo siempre he querido ser actor, pero cuando tuve más edad y fui un poco más consciente de ello, empecé a ver el cine de otra forma. Fijándome un poco más en el tipo de actor que me gustaría ser. Todo esto coincidió con la época en la que comencé a dejar un poco de lado el skate y a sentarme delante del televisor para ver los trabajos de De Niro, Brando, Sean Penn… Me metía en internet, investigaba sobre el actor que me gustaba y me veía toda su filmografía.

 

 

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A.C: ¿Eres de los que, como yo, cuando querían encontrar un título concreto no nos quedaba otra que patearnos todos los videoclubs, tiendas de segunda mano…?

I.M: Por suerte, ya podía localizar las películas que buscaba por internet. (Risas) Me he pasado muchas noches de verano solo en el sofá de casa, con el aire acondicionado y viendo cine sin parar.

A.C: ¿Te animaba ver a otros actores malagueños que se habían ido a Madrid a luchar por su sueño y lo consiguieron?

I.M: Sí, por ejemplo, es algo que me ocurrió con Fran Perea. Era un referente que me animó mucho porque había estudiado en mi colegio y lo sentía muy cerca. Además, en sexto de primaria me enamoré perdidamente de mi profesora y, casualmente, empecé a ver Los Serrano justo en el momento en el que el personaje que interpretaba Fran se enamora de su profesora, que era Elsa Pataky. Sabiendo que era una ficción, que Fran Pera era un actor y que nada de aquello era real, encontré muchas semejanzas con lo que a mí me estaba ocurriendo. Así que, a mis doce años, retomé mis lecciones de guitarra, me apunté a clases de interpretación y tenía la esperanza de conquistar a mi profesora.

 

 

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A.C: ¿Lo conseguiste?

I.M: No. (Risas) De hecho, nunca se lo llegué a decir… Pero, a raíz de esto, me enganché a Los Serrano.

A.C: Y, años después, acabaste trabajando en esa serie.

I.M: Justo. Bueno, para entonces, ya se me había pasado un poco la fiebre de Los Serrano, pero, para mí, fue muy impactante llegar allí, ver todos los decorados… Incluso, el resto del reparto se sorprendía porque cuando comentaban algo de capítulos pasados, yo me lo sabía mejor que ellos, porque había sido muy fanático de la serie.

A.C: ¿Cómo fue llegar a rodar con Fran Perea?

I.M: Es que cuando yo entré, él ya había dejado la serie. Pero volvió para grabar el capítulo final y aproveché para llevarme sus discos y toda mi artillería para que me los firmase. Él se sorprendió mucho y se lo tomó muy bien. La verdad es que, aunque no lo conozca, le estoy muy agradecido, porque fue un referente para mí cuando estaba en Málaga.

A.C: ¿Cómo llegó tu primera oportunidad, tu primer cásting?

I.M: Estaba estudiando en TriArte y, después del primer año, montamos una función de teatro. José Luis Bravo, un amigo de mis padres que ha sido como mi padrino, que había sido director de cine y estaba muy metido en el tema del casting, les comentó que veía que yo tenía talento para esto, y como yo también estaba muy empeñado en ser actor, me dijeron que para adelante. Un verano me enteré de que estaban haciendo un cásting para un cortometraje, así que me presenté y me cogieron. El director era Víctor Quero. Aquella fue mi primera experiencia con la cámara. Y, justo en aquel mismo verano, José Luis se enteró de que estaban haciendo pruebas para la serie La dársena de poniente, que se iba a grabar en Málaga. Hice el cásting con Victoria Mora y, para mi sorpresa, pasé la primera ronda, la segunda… hasta que me llamaron para decirme que el papel era mío.  Recuerdo cómo saltaba de alegría con aquella llamada… Y, después de eso, gracias también a José Luis, contacté con una representante en Madrid, me hice un book de fotos y me llamaron para hacer una prueba en Globomedia para una serie que se iba a llamar Gominolas. Iba y venía de Málaga a Madrid para hacer los castings con Luis San Narciso y Tonucha Vidal y, cuando me cogieron, hablamos con el colegio para no perder muchas clases, porque me subía uno o dos días por semana con mi madre para grabar la serie. Durante el trayecto en tren aprovechaba para estudiar el guión, historia o matemáticas…

 

 

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A.C: Y, después de esto, llegó tu primera película, dirigida por Agustín Díaz-Yanes y haciendo de hijo de Victoria Abril. Imagino que no es algo fácil de asimilar…

I.M: Es que, en aquel momento, era muy joven (tenía trece años) y tampoco era muy consciente. Tengo muy buen recuerdo de aquel rodaje. Me llevé genial con Díaz-Yanes, nos trataron muy bien a mi madre y a mí… Y, encima, en Méjico, en un hotel fantástico, con Victoria Abril en la habitación de al lado, que me ayudaba a estudiar francés…

A.C: ¡Espera! ¿Me estás diciendo que tuviste a Victoria Abril de profesora de francés?

I.M: Sí. (Risas) Yo estaba estudiando francés y tenía alguna duda. Mi madre me había dicho que Victoria vivía en Francia y que controlaba bastante el idioma, así que me acerqué a su habitación y ella se portó muy bien y me ayudó. Claro, en aquel momento yo no era consciente de nada de esto… Ahora veo películas, como Y tu mamá, también, que es, casi, de mis favoritas, y veo a Diego Luna y pienso que yo he trabajado con él. Es una sensación extraña (Risas). Con el tiempo, poco a poco, he ido siendo consciente de la suerte que he tenido. Y ahora veo la película y me siento muy orgulloso. Además, como salgo poquito, siempre que la veo me permito disfrutarla como espectador, sin juzgar mi trabajo, y me encanta.

A.C: Hay gente que se pasa la vida luchando por ser actor y nunca los llegan a coger en ningún casting, y mucho menos a una edad tan temprana como la tuya…

I.M: Honestamente, creo que no soy capaz de valorar lo suficiente la suerte que tengo. Sin embargo, cuando veo a compañeros de mi edad en la escuela, trabajando por su sueño, sí que siento que debería estar más agradecido. Pero supongo que como estoy ya metido en la dinámica del trabajo y yo soy una persona que siempre quiere más y nunca me conformo con lo que ya tengo, no me planteo este tipo de cosas hasta que me obligo a pararme y me digo: “Eh, que tú de pequeño, con lo que ya has conseguido, ya habrías sido feliz”.

 

 

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A.C: Sólo quiero caminar te llevó a Méjico, y tu última película, Azul y no tan rosa, te ha llevado a Venezuela.

I.M: Sí, me acompañó José Luis Bravo, que como ya te he dicho es alguien muy presente en mi vida, porque mis padres no podían. Ellos estaban un poco asustados, porque las cosas en Caracas no estaban como ahora, pero ya estaban muy mal. Y, en aquel momento, te metías en internet y te aparecía como la segunda ciudad más peligrosa del mundo. Pero con José Luis, como es una persona viva, que ha viajado mucho, me sentí muy seguro.

A.C: ¿En algún momento del rodaje te imaginaste, junto a todo el equipo, recogiendo un Goya como pasó en esta última edición?

I.M: Nunca. Recuerdo que sentí mucha vergüenza… pero pensé: “Si me muero mañana, mi abuela ya me habrá visto subir a recoger un Goya”. Y, cuando estaba subiendo las escaleras, vi a Javier Bardem, sentado en la segunda fila, y a toda la profesión mirándome a mí. Y estaban aplaudiendo… Era una sensación súper extraña (Risas). Pero no me arrepiento para nada de haber estado ahí con todo el equipo. La verdad es que me lo pasé muy bien. Habíamos quedado todos antes, en la habitación del hotel, y es que me llevo tan bien con ellos, con todos los venezolanos… Además, en esta película pude conocer a una persona que ya estará ahí para toda la vida, que es Guillermo García, el actor que hace de mi padre y que se portó conmigo como un padre real, durante todo el rodaje. Me llevó al cine, al teatro y conocí mucho Venezuela gracias a él.

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A.C: Como actor, tienes una herramienta muy buena para trabajar, tu voz.

I.M: Sí, alguna vez me lo han dicho. Es curioso, porque de niño siempre estaba afónico. Me quedaba sin voz constantemente y, durante algún tiempo, tuve miedo de que mi voz no sirviera para esto y no pudiera utilizarla para proyectar. Al final, todo lo que me ocurría es que me llevaba la emoción a la garganta. Con ejercicios y dando clases en la escuela, ya he aprendido a conocer un poco más mi cuerpo y a saber cómo controlarlo. De todos modos, como nos pasa a muchos actores, a mí no me gusta ni escucharme verme…

A.C: En tu trabajo se ve mucha espontaneidad. Ahora compaginas las clases de interpretación con la grabación de Vive Cantando… ¿No te asusta que la técnica, mucho más presente en la etapa de aprendizaje, te haga perder esa naturalidad?

I.M: No, porque, precisamente, estudiar en Corazza me hace volver a sentirme de verdad espontáneo en el escenario. La escuela, con mucho trabajo y mucha técnica, ha hecho que vuelva a sentirme como cuando era un niño y disfrutaba haciendo imitaciones.

A.C: En toda carrera hay asignaturas que después te das cuenta que no puedes aplicar al trabajo. ¿Te ha pasado estudiando Arte Dramático?

I.M: Sí, totalmente. Sobre todo porque el ritmo de grabación que se suele llevar, por ejemplo, en una serie, es muy rápido. Por eso siempre intento llevar el trabajo muy preparado desde casa. Sé que, a lo mejor, después solo voy a poder utilizar el diez por ciento de lo que me gustaría, pero ese diez por ciento me da una seguridad que no tendría si no llevara nada. Y, sólo por eso, para mí ya merece la pena.

A.C: Carlos, tu personaje en Vive Cantando, es un chico muy seguro de sí mismo. ¿Es un rasgo que tiene en común contigo?

I.M: ¡No, para nada! Creo que la vida me ha dado con este personaje todo lo que yo siempre he anhelado ser, pero que nunca he sido. Carlos está muy alejado de mí, por lo que, en la primera temporada, tuve que trabajar mucho más, porque me costaba creerme muchas cosas. Pero, aunque es un personaje muy seguro de sí mismo, también hay mucho de fachada en él, como se va a ir descubriendo en la segunda temporada.

A.C: Es curioso, porque, cuando no te conocía y te veía en algún evento o photocall,  siempre me trasmitías mucha seguridad.

I.M: Te confieso que esa es la parte que menos me gusta de este trabajo. Me pongo muy nervioso… Pero sé que no me queda más remedio que hacerme amigo de esa parte, porque vender tu proyecto y vender tu imagen, no deja de ser algo muy importante en esta profesión.

 

 

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A.C: ¿Con qué más nos va a sorprender esta temporada?

I.M: Vamos a ver a Carlos y a Paula, que ya llevan unos meses juntos. Y en su casa se van a vivir situaciones bastante dramáticas, porque, como ya se adelantó en el último capítulo, se destapan todos los engaños que tiene su padre, lo meten en la cárcel y nos desahucian de casa porque no tenemos dinero para pagar. Y a mi madre, con toda la importancia que le da a su apariencia delante del vecindario, le va a costar seguir manteniendo esa imagen, porque casi no tenemos ni para comer. Además, su hermana acaba de dar a luz a gemelos con su primo… La serie sigue manteniendo su tono de comedia y espíritu positivo, aunque las circunstancias de Carlos son muy duras.

A.C: Espero que sea un éxito y ojalá volvamos a coincidir pronto en algún proyecto, otra entrevista o, quien sabe, un “malagueños por el mundo”.

 

TEXTO: ÁNGEL CABALLERO

FOTOGRAFÍA: CARLOS DAFONTE

ESTILISMO Ángel Caballero: CORDELIA

 

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